sábado, 22 de noviembre de 2008

TEXTO SOBRE LO SONORO





La noción de crítica como falla principal de una escucha automatizada en lo cotidiano.

Lo sonoro como fenómeno audible; sujeto en su mayoría a lo cotidiano, a la convivencia continua con el entorno, inconscientemente percibido por el hábito donde se manifiesta ya insonoro.


El proyecto quiere ejercer la actitud de subrayar a aquellos espacios donde el exceso sonoro nos conduce a una dificultad, como falla principal a través de la cual intervenir, con el designio de dar cuenta de la problemática de lo sonoro como componente real y corporal, es decir, capaz de afectar a niveles psíquicos y físicos en el individuo.

Para esbozar una breve conceptualización de las intenciones del proyecto, no muy concretas a favor del proceso en curso y su aventura, introduciré la noción de crítico/a.
La palabra crítica pertenece a una ambigüedad dada por su etimología. El diccionario nos propone varias definiciones; (Que pertenece a la crítica; que pertenece a la crisis; el que juzga según las reglas de la crítica.) La historia valida unos modelos, unas reglas de la crítica y, en consecuencia, de la escucha. La definición de crisis, como aspecto negativo, en decadencia, de un modelo normal y óptimo, nos puede dar la relación de la ambigüedad del hecho de criticar y, en consecuencia, de escuchar. El sonido que retoma la regla, la convención, para lanzar su ladrido reiterativo, la línea que cruza y vuelve veloz del infinito, en la punta de la lengua de aquel que se pronuncia, actualiza los discursos, es decir, los pone en marcha de nuevo. La ambigüedad reside en el hecho de que la distancia que recorre lo sonoro, levantando difuntos y polvo, siempre tiene la posibilidad de volverse a enunciar extrañamente, ya no en la punta de la lengua de aquel que habla, sino en fondo del intestino, escondido, de aquel que no habla.

La crisis aquí supone el vació de lo sonoro mismo, a saber, la emancipación de la reiteración que día a día el oído acostumbra y asume, sin prestarle ya una atención especial a lo que suena en nuestro alrededor.

Lo sonoro, sin embargo, pese a la negativa inconsciente de su escucha, es decir, el hecho de no caer en que oímos porque lo que se oye está ya instalado en lo automático de lo cotidiano, continúa su camino introduciéndose entre los poros de aquellos que se exponen a él.
De este modo, un exceso de ruido, por ejemplo el de un taller con grandes y estrepitosas herramientas, los coches de la ciudad, las alarmas de los establecimientos, la música de estructura popular.., constriñen día a día nuestros tímpanos sin percibir que, con el tiempo y la asimilación de los mismos, el oído desaprende la escucha del sonido más sutil. Sea este horrible o realmente encantador.

Existen unos sonidos que rechazamos solamente por no pertenecer al registro de nuestra percepción. De este modo, tachamos de incomprensible la música experimental, de poco viable el silencio de la naturaleza en el centro de la ciudad y, de impensable la producción de un sonido fresco y relativamente nuevo. Lo acostumbrado para el oído se convierte de este modo en el potenciómetro que alza y sube la voz a su interés.

Irónicamente, es provechoso ver como lo audible es aquello que no posee un carácter renovador y, lo no audible, aquello que ha de luchar marginalmente por querer decir verdades o, al menos, separarse de la línea continua que lo aplasta. De este modo, la jerga escasa de lo que suena convencionalmente no permite el paso a nuevos sonidos que, siempre con energía y entusiasmo, buscan su pequeño hueco vital en la continuidad de lo cotidiano.